Tradición que transforma

 
 
Tradición que transforma: Cómo los valores ancestrales pueden construir culturas sostenibles
 
Soy producto de la inmigración: peruana, tercera generación uchinaanchu (descendiente del pueblo Ryukyu – originario del sur de Japón, actual Okinawa). Mis abuelos emigraron siendo muy jóvenes a Perú. Aunque no llegué a conocerlos a todos, sus enseñanzas continuaron a través de mis padres y abuelas.
 
En casa, aunque no todo era perfecto, siempre estuvieron presentes el respeto y el deseo constante de superación: ser mejor que el día anterior.
Mis padres y abuelas nunca me hablaron de liderazgo ni de mejora continua. Ellos compartían historias de su pueblo, las enseñanzas de sus mayores, y sobre todo, me educaron con su ejemplo.
En casa no leímos manuales de Lean, pero aprendí que:
  • Hay que hacer las cosas correctamente, aunque nadie te vea (en lo personal y en lo laboral).
  • Hay que cuidar lo que se tiene como si fuera lo único, porque costó esfuerzo obtenerlo (aunque esto, a veces, llevara a la acumulación).
  • Cada cosa tiene su lugar, y la limpieza no es "para la visita", sino para quienes vivimos en casa.
  • Uno solo no progresa; es necesario trabajar en comunidad para salir adelante
  • Y sobre todo, que la vida y las personas son lo más valioso que tenemos
De ahí proviene una de las frases más usadas por los descendientes uchinanchu: Nuchi du takara (“La vida es un tesoro”, en uchinaguchi, idioma de Ryukyu).
 
Hace unos meses comencé a trabajar en una consultora de mejora continua. Poco a poco me fui familiarizando con metodologías como Kaizen, 5S y otras. Tras varias capacitaciones, no puedo evitar notar las similitudes entre estos conceptos y lo que me enseñaban mi obaa (abuela) y mis padres.
Una de las enseñanzas que la cultura uchinanchu me inculcó, es el valor del yuimaaru (palabra en uchinaguchi que significa “espíritu de cooperación”): esta engloba el ayudar al otro sin esperar nada a cambio, trabajar en comunidad, compartir sin competir. Veo reflejado este espíritu en una cultura Lean sólida: equipos colaborativos, respeto por el trabajo del otro, mejora constante sin buscar protagonismo.
 
En un mundo competitivo, consumista y apurado como en el que vivimos, Lean nos recuerda que la mejora real ocurre diariamente, con pequeños pasos y a largo plazo.
Y a quienes lideran organizaciones, que cumplen el rol que antes tenían los abuelos en las familias, les recuerda que la cultura se construye con el ejemplo, igual que en casa.
 
Hoy miro hacia atrás con gratitud y reafirmo que muchas veces, necesitamos mirar hacia nuestras raíces para reflexionar, aprender, y darnos cuenta de que nuestra cultura puede enseñarnos a liderar mejor;  a construir organizaciones más humanas y sostenibles.

Author
Cristina Oyama

Comunicadora audiovisual multimedia con experiencia en producción audiovisual (cortometrajes, miniseries y televisión) y marketing digital.



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